viernes, 24 de septiembre de 2010

I had to believe in something

A veces recuerdo una vida que no he tenido, otras veces me cansan las vidas que no estoy viviendo.
¿Por qué recuerdo que los camiones de Coca-Cola repartían a domicilio cajas completas y que cada familia tenía la suya? ¿Por qué tengo tan fresco el sabor de la RC Cola? Hay lugares que recuerdo con olor a plátano. Me acuerdo de sótanos y escaleras sin barandales que nunca significaron un peligro para mis padres. Y digo para mis padres porque eran ellos los que nunca se preocuparon de que yo fuera a caerme ahí. Yo no sé si alguna vez tuve miedo de caerme pero lo cierto es que ni siquiera me tropecé. A veces pienso que si algún día llego a tener hijos no voy a dormir en paz hasta que no tenga la seguridad de que son inteligentes; con esto no me refiero a un desempeño académico ni coeficiente intelectual sobresalientes.. Hablo del tipo de inteligencia que te deja dormir tranquila en la noche. Saber que mis hijos no van a andar metiendo sus dedos en los enchufes, que podrían cocinar su desayuno a los 5 años sin temor a quemarse horriblemente con la sartén, que no necesiten que les diga que si van a hacer algo lo hagan bien, incluso si no son cosas buenas. En pocas palabras, quiero que mis hijos sean como yo. Y ese es un error. Si mis hijos crecen para ser como yo probablemente no corrijan los errores que yo he cometido sino que los perfeccionen. Tal vez ejecuten estos errores de manera más rápida y eficaz; tal vez la caguen por completo y no a medias (como suelo hacerlo todo yo).
No recuerdo haber tenido miedo a manejar, creo que me subí al coche pensando que sabía hacerlo y por eso supe hacerlo. No recuerdo haberle temido al agua. Nunca me parecieron ingeribles las cosas marcadas como veneno, aún cuando no sabía leer. No tuve una mamá que me diera estabilidad en mis primeros pasos pero sí una que con gusto me pasaba un pedazo de algodón ahogado en alcohol para que me limpiara las rodillas raspadas.
Recuerdo Punch-Out. Me se de principio a fin las canciones de New Kids On The Block. A veces muero de ganas de comerme un Raspatito y un Flippy. Me acuerdo de recoger con frascos de mayonesa los gusarapos que nadaban en los charcos de la calle. Recuerdo hacer perfumes con alcohol, aceite de bebé, flores del jardín y Channel No. 5 y ponerlo en los botecitos negros porta-rollos-fotográficos. Me acuerdo de los pantalones que se endurecían con Coca-Cola. Las cajitas de Sonric`s eran el mayor tesoro. Odiaba que pusieran Abejitas en las piñatas. Me acuerdo de sentirme deprimida antes de saber lo que era una depresión. Le cantaba "You outta know" al novio infiel y maricón que nunca había tenido. Me moría de ganas de hacer el amor y pensaba que el sexo oral era decirle cosas sucias a alguien.
Me canso de ser mesera en Madrid mientras estudio Sociología. A veces me da vergüenza (y muchas otras orgullo) mi cuerpo lleno de tatuajes. No siempre me gusta ser pelirroja. Biología es mi pasión. Quiero vivir en Manhattan, creo que Brooklyn no era para mí. No sé por qué esperé tanto para mudarme a Canadá. Éste es el segundo libro que escribo y abiertamente digo que todos los personajes en él se inspiran en tí y en cada uno de los universos que tienes dentro. Eres tú. Soy yo. No creerías lo dificil que es escribir teniendo 3 hijos. Siento mi vientre vacío. Me da pánico el embarazo. Quiero dormir contigo hoy en la noche. Qué bonito es despertarme sola todos los días. Esto de comer atún tan seguido no puede ser sano. El otro día me encontré a tu hermana en el antro. Yo: puro grunge. No hay nada mejor que los Bitels. ODIO a The Beatles. La mejor decisión que he tomado en mi vida es dedicarme al altruismo. Desde que dejé mi casa hace 54 días no he extrañado nada; mi mochila y yo es todo lo que hay.

Y luego, huele a lluvia y todo se lava, todo se calma.

Los huracanes me recuerdan a mí.

1 comentario:

  1. Me cagas porque me sentí identificado... me pasa lo mismo.

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