miércoles, 20 de agosto de 2014

Anatomía

The heart is a veryvery resilient little muscle -- lo dijo Woody Allen en una de sus películas (Hannah and her sisters, para los snobs) y es cierto en muchas maneras; y la más dolorosa de ellas es cuando experimentan con el tuyo. 
Pero creo que hasta experimentar con el corazón de alguien más tiene un impacto directo en el corazón de (en este caso lo llamaremos) el ejecutor, por aquello de la tercera Ley de Newton, esa que reza que con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria. A excepción, claro, de los corazones de los sociópatas, porque ellos están del otro lado donde no les importa si hay o no hay jardín y qué tan verde está. 


El corazón de una persona promedio, y me estoy tomando como ejemplo aunque tal vez no debería, da y da y da y se rompe y sigue latiendo y descubre, mientras sigue bombeando, cómo volverse a formar para volver a funcionar a como dé lugar, aún si confunde de lado las aortas o si en el camino se pregunta para qué sirven anyway. 
Y ya, una vez que el proceso se ha terminado (enjuague y repita), uno cree que aprendió algo. Y a veces sí. Y a veces no. Y la mayoría de las veces no. Porque se gana conocimiento, pero éste se bombea al cerebro y de ahí se va a quién sabe qué otras partes que de alguna forma aprenden, así como uno aprende a no meter el dedo en el enchufe si no te quieres electrocutar, pero parece que nunca le envían feedback al corazón, porque sigue siendo terco. Tan lindo y tan necio el. 
Te dices que no vuelves a darlo todo. Y lo das. Te dices que no te vuelves a entregar a nada y a nadie. Y aunque al principio te resistes, acabas por entregar ese corazón reacondicionado de una u otra forma, involutariamente, así como éste órgano sigue latiendo sin que tú le des órdenes. 
Con el paso de los (d)años, pensé que las cosas serían más fáciles; que la conciliación entre órganos, músculos y esa cosa a la que algunos llaman alma, se haría más fácil; como cuando un extranjero llega a un país donde se habla un idioma totalmente diferente al suyo pero poco a poco va aprendiendo al menos lo básico para poder sobrevivir. Y me he topado con que el idioma cambia constantemente así que no hay nada a qué acostumbrarse. Solo queda cruzar los dedos y esperar que eso no haga que se cambie de lugar el útero y la tiroides, que el corazón no se canse de bombear, que le llegue suficiente oxígeno al cerebro... y no olvidar respirar.